Se me ocurría el otro día las ODIOSAS COMPARACIONES entre la continuidad que se estableció post-Crisis y la que ahora emerge post-Flashpoint.
Ciertamente el método fue muy similar: evento gordo y cambio PARCIAL de la continuidad, con sus inevitables contradicciones.
Pero la inmensa diferencia fue que aquella píldora nos la dieron con MUCHÍSIMA AZUCAR, y pasó MUCHO MEJOR.
Los autores que trabajaron entonces para DC resultan GIGANTES PROMETÉICOS al lado de los de ahora.
El movimiento original fue el contrario, unir personaje y continuidades en lugar de separar, por lo que Moore pudo FORMAR el Universo Mágico de DC en su American Gothic.
Gaiman, tomó a personajes casi ridículos como las tres versiones de Sandman y nos sorprendió con una epopeya fantástica.
Byrne en Superman, Pérez en Wonder Woman, Miller en Batman, Maguire y Hughes en JLA, Morrison en Doom Patrol, Starlin y Mignola en Cosmic Odissey...
Por más que nos esforcemos, de ninguna manera podemos encontrar figuras así ahora en DC, las correspondientes, si es que son comparables, están en Marvel.
Pero luego están los que ni están en Marvel, ni en DC, "ni se les espera"...
Podemos hacer esa manida comparación, de qué hubiese sido de otras artes si sus mayores figuras las hubiesen abandonado para dedicarse a otras más lucrativas o agradecidas: La literatura sin Cervantes, Shakespeare, Borges, el cine sin Wilder, Spielberg, Berlanga...
Pues eso ocurre en el cómic, particularmente el de superhéroes: Hemos perdido a Moore por infinitas razones, Gaiman no parece ponerse de acuerdo en sus honorarios, ahora Millar decide dedicarse a sus mucho más lucrativos proyectos personales, que se convierten en pelis antes de ser pubicados...
No se les puede culpar, si la industria de los superhéroes solo consiste en editores que alteran arbitrariamente su trabajo, editoriales que les arrebatan los beneficios de merchandising o ediciones extranjeras, y fanboys babosos que se compran compulsivamente X-Men en lugar de la maravilla que estos anden haciendo, no se les puede culpar de que nos den la espalda.
Y la lista sigue y sigue, sobre todo con los británicos, sobre todo con los mejores: Ellis, casi desaparecido, recuperado "in extremis" para unos Secret Avengers a los que ha dotado de sentido en cuanto ha llegado.
Vaughan, autor de algunos de los mejores Batman que he leído, parece también alérgico a los personajes con pijama.
Diggle, otro recuperado por Marvel pero sin proyecto notable tras su Daredevil.
Busiek, el mismísimo Busiek ignorado por las grandes, refugiado, gracias a Dios en su Astro City.
Podéis añadir vosotros los que se os ocurran, seguro hay muchos más.
Claro, luego no nos salen las cuentas...
Y no solo se nos escapan los mejores, sino que la industria mantiene en su puesto a viejas glorias ya inaguantables que no solo no escriben ya nada legible -algunos no lo han hecho en toda su vida- sino que están ocupando los puestos que les corresponderían a nuevos talentos, a cuya incorporación esta industria resulta "reflectante".
Y esos talentos resultan cada vez más difíciles de encontrar, pues para hacer grandes guiones hay que haber leído al personaje... ¿Y quien se va a leer la mierda que publican ahora...? (Quiero decir, yo ¿y quien más...? ;-))
Así que una industria que no se pone de acuerdo con Gaiman en sus honorarios, permitiendo que gane 10 veces más con un libro que con el mismo tiempo dedicado a un cómic, SE MERECE ESTAR EN CRISIS E IRSE A PIQUE.
Y para arreglarse, o se reforma de manera que pueda acoger a Gaiman (digo Gaiman por escoger uno, y por que Moore es, ay, irrecuperable, creo) o cuando menos para descubrir a los nuevos Gaimanes que hay por ahí.
Lo cual nos lleva de nuevo, claro, al problema de siempre: y es que eso lo tienen que hacer LOS EDITORES, Y NO EXISTEN EDITORES CAPACES.
¿Soluciones, o pedimos a la orquesta que empiece a amenizarnos mientras naufragamos...?