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lunes, 26 de febrero de 2024

TOLKIEN Y EL DERECHO A LA FANTASÍA, POR ALEXIS LOUVET: MYTHOPOEIA COMENTADA

El Padre Alexis Louvet realiza en este texto una más que necesaria labor: desmenuzar e interpretar la profundidad y naturaleza del credo Tolkieniano tal y como está expresado en el famoso -si no lo es ya, debería serlo- poema Mythopoeia, creado para celebrar las conversaciones con C.S. Lewis que llevaron a este a hacerse creyente.
   

De las mismas, concluiría Lewis que "Los Mitos Cristianos son como los demás mitos, con la diferencia de que estos EXISTIERON DE VERDAD". 

Esta afirmación, que acierta de pleno en la primera parte, concluye con una notoria falacia que, por supuesto, ni se ha probado hoy en día ni puede probarse. 

Cualquiera que haya comprendido el funcionamiento de los Mitos como relatos simbólicos que responden de manera inmediata a las grandes preguntas de la Humanidad sabe que estos no tienen necesidad alguna de hacerse materiales para obra su efecto. 

Y Tolkien, que no fue en absoluto quien acuñó esa frase, habiendo estudiado y comprendido los Mitos de los que provienen los Cristianos, no hubiera podido escribir su obra -en absoluto católica, totalmente Neoplatónica y Hermética- sin percatarse de donde los Evangelistas tomaron cada uno de los episodios de la "vida" de Jesús.
   

No obstante, el trabajo de este sacerdote merece ser leído por que, aún matizado por el filtro católico, aporta las herramientas necesarias para desentrañar los muchos mensajes con los que el "Devoto de los Mitos" rechaza la visión materialista y científica del mundo pues esta no otorga al hombre significado alguno, siendo la búsqueda de este lo que nos define.
    

Del resto del libro, que se encarga de buscar paralelismos entre Frodo y Eärendil como figuras Crísticas nuestro colega pasa por alto lo más importante: Que son DOS, no uno, uno para cada gran época del mundo, al final de la Primera y Tercera Edad.

Ya esa duplicidad hace absolutamente imposible cualquier comparación crística a nivel teológico católico.
   

Y el que compartan con Cristo algunos de sus atributos míticos -muchos añadidos a posteriori- no los erige como figuras de este, sino bien al contrario, erige a las figuras míticas de quien se toman como "Proto-Cristos".
   

"Hay mucho en las llagas de Frodo de las de Cristo". Mucho no, lo hay todo. 

Pero tanto las de Cristo como las de Frodo provienen de las de Prometeo, Edipo y Orfeo. Y lo mismo sucede con el resto de episodios evangélicos.

 

Las comparaciones de la Virgen María con la diosa Varda hierran igualmente el tiro: No es la María de los Evangelios, sino la Dama Vestida de Estrellas del Apocalipsis. 

Por supuesto, los católicos identifican ambas figuras, pero lo mismo podemos basar a la última en una docena de diosas estelares paganas anteriores a María y que la originaron.
   

Una interesante y enriquecedora lectura, que valoramos pero que queda totalmente MACULADA por esa pretensión de que el Cristianismo llegó para renovar el degenerado mundo helénico, cuyos Cultos Mistéricos y Cristianismo Gnóstico aparecen caricaturizados como una orgía pagana directamente sacada de un peplum de serie Z. 

 Al lado de esa inexacta e insultante versión, San Ireneo resulta fiel cronista y parcial observador de estas doctrinas. 

Recomendamos al autor y demás exégetas tolkienianos que se documenten sobre los mismos pues como esperamos demostrar pronto, la obra Tolkieniana, independientemente de la fe -o fes- que profesase el autor, tiene muchísimo más que ver con ellos que con esta catequesis dominical "doctorum modus".

martes, 17 de octubre de 2023

LAS VACACIONES DEL UN HOBBIT, POR JOSE M. FERRÁNDEZ BRU Y Y FERNANDO FRÍAS

Si fuesemos "estrictos" Tolkienianos, el hecho de que hemos acabado leyendo este magnífico ensayo en un tren resultaría algo inquietante. 

En su obra "Leaf, By Niggle", el viaje en tren es una clara alegoría -¡que si, que también las escribía, aunque los relatos de Tierra Media no lo fuesen- de la Muerte.
   

Pero también fue en un tren, el que recorría las estaciones de extraños nombres de Gales el que descubrió para el joven Tolkien ese idioma, lo cual encendería su fiebre por crear los suyos propios. 

En nuestro caso, Jose Manuel Ferrández, tras su modélico trabajo de investigación en el que descubría que el "Padre Curro", tutor de los hermanos Tolkien una vez fallecida su madre, no solo tenía raíces Jerezanas sino que está emparentado con -de todos los españoles posibles- Bertín Osborne, ahora nos ofrece un segundo ensayo sobre los años de formación del joven escritor, en concreto sobre dos de sus vacaciones, el viaje a los Alpes Suizos y una posterior visita a París y la costa francesa, mucho más accidentada.
   

Co-Escrito con Fernando Frías, el viaje a Suiza y sus impresionantes picos, glaciares, cascadas y valles causaron en Tolkien tal impresión que fue en ellos en los que basó buena parte de los más venerados rincones de la Tierra Media.
   

Las Montañas de los picos que coronan las Minas de Moira, o el valle de Rivendel, hogar de Elrond, proceden de este trayecto.
   

Los lectores podrán deleitarse en esta amena lectura perteneciente al sello LEGENDARIA que edita Martin Simonson muchos más detalles sobre el trayecto en si y las localizaciones tal y como se encontraban en el boom turístico de la Belle Epoque.
 

Entre ellas, la curiosidad de que el grupo de Tolkien pasó justo al lado de las Catarata Reichenbach, aquella en la que Conan Doyle quiso sepultar, en mortal abrazo, la enemistad de Sherlock Holmes y el Profesor Moriarty. 

El primero regresaría y el segundo...bueno, igual algún día podemos contar como y con ayuda de quien también regresó para dar nuevos dolores de cabeza al Detective.
 

No menos documentado, azaroso y singular fue un segundo viaje de Tolkien, esta vez a París y la Costa Esmeralda. 
Esta vez acompañando como "tutor" a unos jóvenes católicos mexicanos de rancio abolengo y parte de su familia que se tomaron un descansito mientras en su país Benito Juárez puso las cosas patas arriba.
     

Tolkien se alojó en un hotel justo al lado del Arco del Triunfo para posteriormente pasar unos "aburridos" días de playa que dejarían de serlo cuando un miembro del grupo fuese atropellado mortalmente. 

 Será una simple sincronicidad, pero tanto Mexico, como algunos de esos apellidos (López, Negrete...) no paran de aparecernos en nuestras actuales investigaciones genealógicas, que a menudo comparamos con los años de estudio de Gandfalf en la Biblioteca de Minas Tirith.
      

Jose Manuel Ferrandez Bru fue el original promotor de la Sociedad Tolkien Española, y su primer presidente. Y si eso no fuese carga suficiente, tuvo que sobrellevar las pasiones juveniles de nuestro yo post-adolescente. 

En el reciente encuentro en la Complutense: Tolkien, 50 años después, tuvimos ocasión de reencontrarnos, y celebrar el inmenso legado cultural al que tuvimos ocasión de contribuir en el ya lejanísimo 1992. En breve, más fotos sobre ese inolvidable evento.

lunes, 29 de mayo de 2023

DE HOMBRES Y OTROS MONSTRUOS, POR MARTIN SIMONSON: PROMETEOS, CRIATURAS REBELDES Y... SOMBRAS

Hemos aparcado unos momentos la lectura del resto de ensayos Tolkienianos de este sello para disfrutar del análisis del Prof. Simonson de dos de las obras más profundas e influyentes -en nosotros y en el presente- como son las de Mary Shelley y R.L. Stevenson. 

 Aunque como veremos, lo de aparcar a Tolkien no es completamente exacto.
   

Con su iluminador método académico, Martin comienza por repasar la literatura de Terror del Siglo XVIII, haciendo de nuevo incapié en esos hitos de la literatura gótica que son El Castillo de Otranto y El Monje, Wallpole y Lewis.
   

A través de dichos comentarios nos ubicamos en las tensiones de la Inglaterra Victoriana que -al menos para nuestra visión- no difiere tanto de la actual en lo de "virtudes públicas, vicios privados".
   

Así, lleno de agudas reflexiones, como la de la Criatura del Doctor Frankenstein con la Naturaleza (fuego y hielo son su principio y final), su aprendizaje y destierro de la cabaña del ciego (¿quizás figura de Homero o el propio Milton?) y su -legítima o no- ira y venganza cuando, tras intentar integrarse, se ve rechazado. 

 Me ha recordado leyendo ese crucial momento en que Jean Valjean canta "For I have come to hate the world, a world that allways hated me".
   

Así, llegamos a la reflexión de que el "MALVADO" no es otra cosa que un BUENO HERIDO, humillado, rechazado, perseguido, al que no le queda otra opción que, puesto que su buena voluntad no le trajo más que dolor, invertirla para adaptarse al oscuro mundo en que nació.
   

Valjean, claro, se redime, por que en su "cabaña" encuentra al Obispo que le muestra caridad y perdón. Tampoco es que eso lo libre de la persecución ineludible de su particular Furia, Javert, a la que solo la compasión y misericordia hará ver lo errado de su comportamiento. 

 La Criatura se lanzará a una orgía de muerte y destrucción al fracasar de nuevo en obtener de su creador más que desprecio.
     

Por supuesto, como indican las lecturas de este Monstruo erudito -el de la novela, no el de Karloff-, el es una figura del Lucifer de Milton, que reprende a su creador. 

 Pero, sin "spoilear" más los hallazgos de Simonson, aprovechamos para apuntar un par de ideas que, siendo devoto de Tolkien, esperemos que le resulten útiles.
       


"El moderno Prometeo" del subtítulo, a nuestro entender, no se refiere al Doctor, sino a la Criatura. Es una referencia al Prometeo Encadenado de Esquilo, en el que el Titan prisionero representa a la Humanidad caída, atrapada en el plano material. 

 Desde su cautiverio en el Caúcaso, recrimina al tonante Zeus -el que manda el rayo que despierta al Monstruo- la crueldad de ese castigo, a la vez que profetiza -sin revelar como se producirá- la eventual derrota de este a manos de su progenie -engendrada en mujeres, las descendientes de la irresistible Pandora, que hace caer a Zeus en su propia trampa.
 


Así, como eco de Esquilo y el Lucifer de Milton, la Criatura -que también se encuentra con su creador en lo alto de una montaña- le espeta al Doctor: "Debí ser tu Adán y soy tu Lucifer", o en otras palabras: ¿Por que pudiendo haber creado un Angel has creado un demonio...? 

 Una profunda cuestión que revela que el hombre, aún preso de sus más bajas pasiones animales -y peores que las animales- no por ello deja de alcanzar la idea de su estado y naturaleza edénica anterior, revelando a su creador y al del universo como el Demiurgo menor de los Gnósticos y demás.


Por otro lado, la relación Victor/Criatura es idéntica a la de Frodo/Gollum. Su sombra exteriorizada. 

Por eso lo persigue a todos lados donde va, por eso muere idénticamente abrasado en el fuego. 

Surge -como homúnculo- de la Alquimia y solo puede quedar purificado por la "Calcinatio" (como Hércules, cuya pira consumió cuanto de mortal tenía, siendo catasterizado cuando esta quedó apagada por un rayo de Zeus, mostrando al fin misericordia). 

 El reciente cómic de Mignola continúa las aventuras del Monstruo que ha sobrevivido a la Pira, aunque suponemos que, por tensión dramática, algo de sombra haya quedado en el personaje, en busca de redención.
     

Nos quedamos ya sin tiempo ni espacio para hablar del Doctor Jekyll & Myster Hyde

Baste decir que la revelación de que el propio Stevenson ejercía de respetable hijo por el día y vagabundeaba los antros de Glasgow por la noche vale ya la lectura del comentario, que hace hincapié en las tensiones y secretos de la Inglaterra Victoriana.
En un tono menos mítico pero igual de profundo y psicológico Stevenson ofrece una versión moderna del monstruo, uno que las drogas desatan y que, por la adicción y los placeres que producen y que disfruta desencadenando su sombra, amenaza con tomar control total de su voluntad. Y en esas estamos... 

Asómense a las noticas -o a la ventana- si se atreven y verán pasear por su ciudad a todos los Hydes, solo que sin chistera, capa ni bastón. 


Simonson deja unas certeras preguntas al lector y el es quien debe responderlas -en el "caso", cada vez más "extraño" de que, como el Monstruo de Frankenstein, aún lea. 

Este particular sobrino de la Familia Munster les recomienda ir al Norte y buscar la Pira, o a Mordor si prefieren el Monte del Destino. Pues todos los caminos conducen allí. 

Tarde o -si viven en Puebla- temprano.

martes, 9 de mayo de 2023

DE BEOWULF A BOMBADIL: LA NATURALEZA EN LA LITERATURA FANTÁSTICA BRITÁNICA, POR MARTIN SIMONSON

En una obra tan monumental como la de Tolkien confluyen un sin número de tradiciones literarias, estéticas, simbólicas y espirituales. 

Este nuevo ensayo del Prof. Simonson se centra en un análisis cronológico del papel de la Naturaleza en una serie de obras que no solo fueron en su mayoría influencia directa de la del de Oxford, sino incluso estudiadas, traducidas y enseñadas por el.
    

Aunque el Rey Gilgamesh vivía en una ciudad amurallada, es de la Naturaleza de la que proviene su amigo Enkidu, un paraíso del que es expulsado al ser el salvaje iniciado en el sexo, allí entendido como factor civilizatorio (y lo es, el sexo humano, en tanto que separado de la función reproductiva, es cultura. 

Desde el Jardín del Edén la naturaleza -como salvaje y desconocida- es el lugar de la aventura, o una zona liminal que permite pasar desde nuestro mundo al Otro, siguiendo aquellos "senderos escondidos" a los que aludía Tolkien, cruzando enbrabecidos mares o alcanzando el paradisiaco país de los elfos.
    


El bosque es también lugar de refugio, para Blancanieves o Siglinde, más allá de los Gigantes que habitan en las montañas que rodean -y protegen- Midgard.

Así, el primer texto en inglés antiguo, Beowulf, nos traslada al lejano norte, a los nocturnos ataques del ogro Grendel y al envenenado lago poblado de peligrosas criaturas fantásticas donde su madre se refugia. 

En la segunda parte, el héroe también deberá abandonar su reino y adentrarse en la naturaleza para enfrentar al dragón que lo acosa.
   

De ahí pasamos a los romances artúricos, con un interesante estudio de Sir Orfeo. Como su nombre indica, el caballero no es más que una versión del héroe griego, cuya amada en lugar de descender al Hades es raptada por el Rey de Fantasía que aparece liderando su legendaria Cacería Salvaje, y cuyos cuernos de caza resuenan entre los árboles. 

Un libro fundamental para entender luego los temas órficos en Tolkien: el rescate por parte de Beren y Luthien del Silmaril, penetrando en la fortaleza de Morgoth y el posterior canto de esta ante Mandos para resucitar a su amado. El arpa de Finrod es también la de Orfeo, aquí desdoblado en dos personajes.


La peregrinación de Sir Gawain hasta la Capilla Verde es otro ejemplo de cómo ese "país desconocido" y lleno de bestias fantásticas y obstáculos naturales representa, por supuesto, una iniciación y búsqueda interior, hasta la escenificación de la aniquilación del yo y sus deseos, como magistralmente mostraba la reciente película de David Lowery.


En la literatura Gótica del Wallpole o Lewis la naturaleza se vuelve oscura y siniestra, con sus cuevas, sus lunas, sus murciélagos y lechuzas en las ruinas de los castillos. 

 La naturaleza reclama los restos de civilización que sin embargo permanece ahí, como símbolo de grandezas pasadas.
     

El periodo Eduardiano está aquí ejemplificado por las cruciales obras de William Morris que recuperó los escenarios medievales idealizados y el simbolismo espiritual que encerraban.
     

Las selváticas aventuras de Conan Doyle y Haggard en sus respectivos Mundos Perdidos también fueron una inmensa influencia en Tolkien, particularmente este último, aunque las monturas aladas de los Nazgul seguramente proceden de cierta perdida meseta sudamericana.
       

Y así llegamos al Bosque Perdido, frontera del mundo conocido y naturaleza salvaje amenazante. 

Muy bien traída la influencia de Los Sauces de Blackwood para el Hombre Sauce que atrapa a los Hobbits. 

El Reino de Bombadil, lo sabemos por el anterior ensayo, es uno de los rincones favoritos de Tierra Media para el autor.
     

Finalmente se traza la inspiración en las islas célticas paradisiacas -Avalon, Tyr Na Nog, Saint Brendan, etc...- del Valinor Tolkieniano. Tanto unas como otras, herederas de la Ítaca de Ulises.



Pero sin duda, nuestro descubrimiento favorito ha sido la mención de Cornualles como el lugar donde Tolkien vio al Lucero del Alba y, recordando el poema de Cynewulf, concibió el origen del Legendarium como el viaje de Earendel, basándose en esa cita sobre "el más brillante de los Ángeles, enviado a la Tierra Media", según revela John Garth. 

 Y es que, si no tenemos tiempo para leer todos los ensayos sobre el autor, viene muy bien leer los de quienes los han leído.