Vivimos en una cultura donde el análisis cultural se ha tornado video de Tik Tok, y alcanza poco más allá de decir "¿Quien es más fuerte, la Cosa o La Masa?".
Frente a esa superficialidad, valoramos sobremanera aquellas obras que no se detienen en la superficie, en lo que todo el mundo conoce, en la mera repetición de slogans o lecturas conocidas y aceptadas pero muchas veces completamente erróneas, por más que las coreen aquellos incapaces -no educados- para pensar ni suficientemente cultos para buscar las siempre, inmortales raíces de una determinada obra de arte.
Como todo buen libro de Diábolo, este de Mario Hernández analiza en su totalidad histórica y multimedia la figura de El Fantasma de la Ópera, desde sus tenues lazos con eventos reales hasta las más incógnitas manifestaciones e influencias. Eso ya es un tremendo punto a favor.
Pero a mi me ha entusiasmado especialmente el análisis de la novela original de Gastón Leroux y sus muchas influencias.
Por ejemplo, descubrimos con gusto que viene a ser una perfecta mezcla de nuestras adoradas Notre Dame de París -de donde proviene el monstruo condenado a vivir aislado de los demás- y Los Miserables -que también explora a su manera las alcantarillas y subterráneos de Paris, y un amor imposible-.
El Fantasma original, Erick, posee una historia mucho más rica de la que nos ha transmitido cualquiera de sus mucho más conocidas y populares adaptaciones, y les invito a descubrirla, con lazos que lo unen hasta con el Hombre Elefante y que así lo anclan perfectamente en ese mundo de ficción victoriana.
En realidad, columbramos siguiendo el argumento, se trata del viejo mito del Rapto de Perséfone, el alma humana, que abandona lo celeste para quedar prisionera, seducida, por lo material.
Donde el Fantasma hace las veces de Plutón, navegando en su barca por el Hades, dicen ahora que símbolo de lo que nosotros llamamos inconsciente.
Ni que decir tiene que eso es solo la introducción al fascinante personaje, heredero de La Máscara de la Muerte Roja de Poe, que usa como disfraz en la famosa Mascarada, y que el libro analiza a continuación todas las adaptaciones al cine y la televisión, desde la original de Lon Chaney hasta las más desquiciadas como El Fantasma del Paraíso o la más reciente, modo superheróico, en animación.
No puede faltar la obra que lo ha consagrado en nuestros días: el musical de Weber, cuya música nosotros venimos disfrutando recientemente y que, como el de Los Miserables, nos seduce por su belleza y tragedia.
No tenemos más que añadir: Sumérganse con la lectura en La Música Nocturna y queden por siempre prendados de ese personaje, trauma encarnado, que actua desde las tramollas manejando los hilos y que, como todos, solo busca ser amado tal como es y crear belleza, tan grande como profundas son las cicatrices que acarrea.
La ausencia de hocicos de gato y otros detalles de esta versión del legendario musical ha hecho que las redes ardan tanto como con el genio de Aladdin o Sonic, versiones igualmente fallidas y criticadas.
Según dicen, parecen demasiado humanos y muy poco felinos. O al reves. Vaya, que no han gustado...
Uno de los cientos de descubrimientos que realicé sobre Julio Verne leyendo los dos tremendos volúmenes que le dedicó la revista GRAPHICLASSICS fue la existencia de una ZARZUELA basada en Los Hijos del Capitán Grant y que además era tradición representar en fechas navideñas hace cosa de un siglo...
Aquí podéis ver una no muy lejana representación con Millán como protagonista.
PULP FACTION, ¡queremos ver al Capitán Nemo en un Sainete!
Les Miserables es una de esas grandes historias que reciben una y otra y otra adaptación.
Propiamente, Les Miserables es LA HISTORIA. Y como tal, bajo una u otra forma, se manifiesta por doquier.
Si a la universal y conmovedora historia de Victor Hugo le añades la versión musical ya tenemos un doble deleite, toda una "noche en la opera" que será difícil superar.
Y creo que no, que la versión cinematográfica del musical en este caso no supera las emociones que han evocado los miles de actores que lo han representado ya en escenarios por doquier. Sin duda las iguala, con un casting sobradamente acertado, pero no las supera. Sobre todo si uno conoce los monumentales conciertos de aniversario.
Podemos, eso si, recrearnos dentro de la película algo más en las localizaciones, y aquí y allá, entre escenas o como detalles del decorado o la ambientación, ciertos detalles son de agradecer para quienes profesamos ya pasión por la obra.
Los actores de Hollywood que interpretan EN DIRECTO las canciones, cumplen sin duda su papel, aunque difícilmente pueden entrar a competir con los actores de musical, mucho más formados y capaces, que la han encarnado con anterioridad.
Y tenemos que señalar que el directo del film ha estado un tanto parco al utilizar las capacidades, la fantasía del cine. Casi hemos visto más efectos especiales en las representaciones teatrales que en la película.
En muchos casos las canciones trascurren únicamente en un primer plano sostenido. Pues oiga, para ver primeros planos de actores, nadie necesita el cine.
Idem con los decorados que en muchos casos resultan reducidos y teatrales.
Dicho lo cual, era esta una versión necesaria, como la ha habido ya de otros muchos musicales, y que sin duda, para quien no la haya conocido antes, extenderá el amor por la obra entre millones de nuevos espectadores que se "unirán a la cruzada".
La historia de fondo de Los Miserables, de un pueblo oprimido por sus gobernantes y por las propias leyes que los marcan de por vida, de tanta actualidad en nuestro país, no debe dejar que perdamos de vista el verdadero interés intemporal de la historia: La lucha de Valjean con su propia conciencia, y como quien siembra vientos acaba recogiendo "storms we cannot weather".
Después que la astuta concierge intentase colarnos unas entradas del último piso por 250 dólares cada una, como que desistimos de asistir al musical de Spidey.
¡Debíamos haber reservado las plazas!
Pero ete aquí que el mismo domingo, regresando hasta nuestro hotel en Times Square, vemos que en el puesto de Tkts ofertan entradas ¡al 50%!
Así que las pillamos sin dudar, y por 100 dólares nos plantamos dos horitas más tarde en el musical más polémico y popular del Broadway actual.
Cosas de estar en el sitio oportuno en el momento preciso, por que esta vez no había ni cola para comprarlas.
El teatro Foxwoods Theatre estaba a penas 4 calles por debajo de la nuestra. Así que en un paseíto estábamos allí puntuales con nuestras flamantes entradas.
Estos son los interiores del teatro con uno de los puestos de souvenirs del musical, aunque no había nada realmente memorable.
Lo que si recuerdo muy bien es que, para sacarnos unos dólares más, las braman preparaban un par de cocktails basados en Spidey (de color blaugrana) y el Duende ("Green Nemesis").
Este último mi acompañante lo encontró delicioso. Demasiado delicioso... ;-)
No dejan hacer fotos durante la actuación ,pero esta si, el telón momentos antes de levantarse.
Y aquí yo, no creyéndome que, las entradas no solo eran baratas, sino que eran BUENAS, justo en medio de la platea.
Sobre el musical en sí, escrito por Roberto Aguirre Sacasa, fracasado en los cómics pero repescado por la editorial en este campo que le pega más (ha actualizado el musical de Superman también) , hay que decir que es muy curioso ver como construyen la historia tomando de aquí y allí.
Básicamente se trata del origen de la versión Ultimate, mezclado con las dos primeras pelis de Raimi.
Norman Osborn -basado en el Otto Octavius de la peli- es un científico idealista que descubre la clave genética de los poderes y, enloqueciendo tras un accidente en el laboratorio durante el que fallece su esposa, se somete a su procedimiento convirtiéndose en el Duende Verde, que persigue a Spidey por saber que sus poderes provienen de sus descubrimientos.
Crea sus propios Seis Siniestros, incluído algún personaje nuevo o la extraña elección del Enjambre.
Pero los villanos son solo de adorno, ya que Norman roba todo el protagonismo en el segundo acto y canta encandilando al público.
El musical NO DURARÁ, no será un clásico. Mucho Bono, pero las canciones son todas bastantes olvidables, salvo el acorde de entrada de Spidey.
Ahora, merece la pena ver el musical por decir "yo estuve allí", por ver la compleja y espectacular escenografía, capaz de meter los rascacielos de New York en el teatro, y sobre todo por ver las evoluciones sobre el publico de todos los bailarines que hacen de Spidey en uno u otro momento.
Afortunamente no se nos calló ninguno encima, pero es impresionante verlos balancearse o luchar con el Duende cuatro metros por encima de nuestras cabezas.
En resumen, una excelente velada que puede faltar en ninguna visita actual a New York.
Oír a Peter bromear sobre lo rápido que llega de Queens a Manhattan "en la línea de metro" es algo que solo tiene sentido allí, claro.
No, no se trata de una imagen de la próxima peli de Lobi.
Jackman encarnará además a Jean Valjean en la adaptación del musical de Les Miserables, que acaba de comenzarse a rodar el 8 de Marzo.
Como personalmente la obra me ha fascinado total y absolutamente, volver a disfrutarla esta vez en cine es todo un evento que espero con más ganas que la siguiente peli de mutantes...
Mi amigo Jaime, antiguo neoyorquino de adopción (vivió "between Fith and Sixth Avenue"...), suele decir que no le gusta ir a musicales en Madrid por que, después de haber sido pareja de un actor de Broadway y haber asistido a todos los espectáculos en primera fila, los de aquí le iban a parecer "producciones de los alumnos del Instituto para final de curso".
Así que algo así me rondaba a mi por la cabeza. Además tras descubrir la música de este musical gracias a la paleta-con-voz-de-ángeles de Susan Boyle, finalista del "Tú si que vales" inglés, la versión que yo conseguí era la del 10 aniversario del Musical en Londres, una producción megalítica con uno coro de 200 personas y una orquesta del copón.
Desde que vi el musical entero, no solo me he enamorado de la música (como la de tantos otros musicales, de Sonrisas y Lágrimas a West Side Story o los de Disney) sino que la historia de Victor Hugo me parece una análisis de la naturaleza humana (Y LA DIVINA) como pocas las hay.
Por todas estas razones no tenía yo prisa en ver la producción española, además, "traductore, traditore" la versión es en español. Y se lo que eso ha hecho con las pelis Disney.
Y entonces, ayer mismo, la PROVIDENCIA, así, con mayúsculas, puso una entrada en mis manos... (Gracias, Antonio).
Mis recelos duraron como 30 segundos, y de "Que diablos, es gratis, si no me gusta me salgo" pasé al instante a menear la cabeza con las canciones y a disfrutar de la actuación en todas sus facetas. Hipnotizado. Reviviendo la historia y sintiendo la música como todo se puede hace en directo. Contemplando como encajan las notas y como se mueven las cuatro decenas de actores en un puesta en escena estudiada en cientos de miles de representaciones de la obra en todo el mundo.
Nuestros intérpretes consiguen recrear la función de manera impecable, y uno no deja de escuchar en el descanso comentarios de satisfacción de todos los matrimonios de provincias que, visitando Madrid, no se lo han querido perder, y, casi como yo, descubren la obra 25 años después de su estreno. Algo que sin duda no olvidarán.
A destacar el vozarrón de Ignasi Vidal/Javert, con un visaje de malo malísimo que puja todo el tiempo por robarle no sólo la libertad sino también el protagonismo a Gerónimo Rauch/Jean Valjean. Enrique del Portal/Thenardier se hace fácilmente con la simpatía de todos los espectadores, como todos los actores que hayan encarnado al pícaro tabernero. En él se nota un toque castizo que dan sus años de zarzuela. Daniel Diges, el más popular del excelente casting gracias a su "Algo Pequeñito" (a mi me gustó, pegadiza es un rato), comanda las tropas como Enjolras. Sin "espontáneos" en el escenario esta vez. Aunque poco me faltó a mi para saltar de mi butaca en primera fila y unirme a ellos.
Gaby del Castillo, a quien conocimos en el programa del musical de "Cuéntame" se mete también en el bolsillo a respetable con su arquetípica cara de niño travieso como Gavroche. Si acaso, el actor sustituto que hizo de Marius quedaba un tanto bajito para hacer el papel de galán. Pero bueno, los bajitos también se enamoran... No hay que dejar de elogiar a los actores secundarios del "coro" que se cambian de trajes unas 15 veces y hacen otros tantos papeles cada uno... Hay que amar la profesión para hacer eso un día y otro también, aunque los aplausos del final sean un más que merecido premio. Yo lo hice todo el tiempo de pié, con inevitables lágrimas en los ojos. Ahora ya sé donde va mi vecino Paco Arrojo cuando no está paseando a su samoyedo. Felicidades a todos y cada uno.
Tengo que destacar el magnífico trabajo del traductor español, Albert Mas, que consiguió "engañar" incluso a mi, que he descubierto en cada frase de la versión inglesa todo un mundo. Como se puede traducir algo de inglés a español, que diga lo mismo en un 99% Y QUE SIGA RIMANDO me parece algo mágico. Hermes, Dios de la Escritura, tiene que haber guiado el teclado de su ordenador con su caduceo. "One More Day", eso si, se convierte en "Sale el sol", pero se siente igual. Y sin duda enamorará a quienes desconozcan la versión original.
Si acaso lamentar que la orquesta se queda un tanto exigua, siendo funcional. Y eso que yo estaba en primera fila. Esperemos que el éxito de la obra -la sala estaba a reventar- permita añadir algunos instrumentos que den la solemnidad necesaria a la música.
Los Miserables para mi refleja en dos horas y media, no sólo toda la vida de Valjean, sino toda la experiencia humana, de lo mejor a lo peor. Un microcosmos en el que todos podemos vernos reflejados. Si se canta la muerte de nuestros sueños frente a la dura realidad, se confirma que estos no son en valde y que renacen contemplando esta obra.
Un uso de los "leit motives", los temas de cada personaje o situación que haría sentir orgulloso a su descubridor Wagner. Como en el Anillo, se nos presenta un mundo pasado en el que se desencadenan unos actos que persiguen a los personajes hasta su inevitable conclusión. La música que al principio creíamos que tenia un significado, al final tiene otro muy distinto.
No en vano, el Oro sale Rin y el Sena engulle a Javert. Y la verdad llega a Marius de mano de un anillo robado por un mísero "enano" en el mundo subterráneo. Valjean cuida de Cosette como Odín de sus hijos Volsungos. Fantine, expulsada de la fábrica como Bruhilda del Valhalla, perece dando vida. En los Miserables, como en Star Wars, el destino actúa en ocasiones, la melodía de la Fuerza se hace oir de igual manera, conduciendo todo a la gloriosa conclusión. ¿Es casualidad que Liam Neeson haya interpretado a ambos, Valjean y Qui-gon Jin...? Yo digo no.
Mis lectores habituales sabrán lo sorprendido que me estoy encontrando al hallar estas comparaciones mitológicas según escribo este texto. Otra vez. Pero esta vez no me sorprende. Ya lo sabía por la gloriosa música y el bellísimo libreto.
"SEE IN THIS A HIGHER PLAN!" Le dice el obispo a Valjean cuando compra su alma para Dios con la plata que el roba.
"He gave me hope when hope was gone", recuerda Valjean.
Podemos discutir hasta la eternidad sobre la existencia de Dios. Pero lo que es indudable, como diría Moore, es que Dios es real en nuestra mente. Que somos criaturas de SENTIDO, y dotamos de él a la realidad animándola como Walt Disney con varita mágica.
No podemos concebir que nuestras vidas sean en valde, que nuestros sueños perezcan.