jueves, 18 de noviembre de 2021

NIEVE, CRISTAL, MANZANAS: GAIMAN Y DORAN MIRAN A BLANCANIEVES A TRAVÉS DEL ESPEJO

Todas las historias tienen dos versiones, o tantas como protagonistas. 

Creamos por imitación, variando, reescribiendo las grandes historias. La que nos ocupa, el Príncipe Exiliado que derroca al Usurpador, lleva con nosotros desde tiempos de Horus. 
 
Y las mejores versiones son aquellas que están basadas en las más simples premisas. En este caso...¿Y si Blancanieves fuese la mala del cuentro?


No es que Gaiman no cuente con precedentes: MacBeth usa ese mismo cambio de perspectiva, convirtiendo al Usurpador en protagonista. 

Pero Gaiman llega aún más lejos, invirtiendo la cualidad moral. La Reina es realmente buena, y la princesita es... Mejor que lo descubran ustedes mismos, si aún no lo han leído. 

Digamos que hay una razón para la palidez de su piel y lo rojo de sus labios...


Más allá de tan simple premisa, de esas que uno dice "por qué no se me ocurrió a mi antes", el escritor sabe narra su relato como una perfecta imagen invertida en el espejo mágico, totalmente perturbadora no solo por tornar inocencia y pureza en maldad y corrupción, sino por las oscuras implicaciones sexuales con las que adorna la narración. 

Y quizás, al hacerlo, nos revela otras profundidades del arquetipo original, pues ya Isis para concebir a Horus, hubo de copular con el desmenbrado cadáver de su esposo Osiris. 

Antes de Disney, los Cuentos dulcificaron los antiguos mitos, pero en la base de ellos casi siempre existe un pecado original expresado en términos de sexualidad extrema y desbocada. ¡A Eva y a Blancanieves lo de comerse una manzana les trajo idénticos problemas!
    

Y, aún más, el libro nos advierte sobre cómo las peores mentiras con aquellas que incluyen un fragmento de verdad, convenientemente deformada. Aquello de que el mayor triunfo del Diablo es lograr que no se crea en que es real.

No está mal el ejercicio de cuestionarnos sobre cuales eran las versiones originales de las historias, o sospechar de los buenos y elucubrar, aunque sea solo por un instante, si no serán en realidad los malos.

No podemos dejar de elogiar el impresionante trabajo de ilustación de Colleen Doran, cuyo estilo amanerado, si bien no se presta en absoluto para el mercado de los superhéroes, brilla sobremanera y alcanza su completa madurez en esta obra.
   

Basa su trabajo en la obra del ilustrador Harry Clarke, en la línea del más conocido Aubrey Beardsley y eso redunda en la atemporalidad de las imágenes, que nos sumergen en aquellos mundos feéricos de sus ilustraciones, cuyos personajes, aún los benéficos, exhiben una estética hermafrodita y diabólica.

Ahora que viene el frio y la nieve, déjenlo penetrar en su corazón con esta aterradora y bellísima obra maestra.

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