domingo, 5 de abril de 2020

DOMINGO DE RAMOS: ENTRADAS, EQUINOS Y MURALLAS, SU SIMBOLISMO

El año pasado ya comentamos que La Entrada De Jesús en Jerusalem es, en su representación y simbolismo, una mera judeización de mitos procedentes de los Misterios Dionisiacos.


Una procesión Dionisiaca, en la que Jesús toma el lugar de otro Dios del Vino, subido al burro de su compañero, el borrachín sileno.


Los Tirsos que portaban los dionisiacos, son cambiados por las palmas y los ramos de olivo, censurando un tanto su fálico simbolismo.


Estas entradas triunfales, que igualmente hacían los gobernantes y generales romanos tras sus victorias, pasarán a la emblemática y a la alquimia.


Dioses, planetas y reyes son así representados en multitud de ocasiones en la Edad Media y el Renacimiento, también las diferentes virtudes cristianas y demás conceptos que aparecen en los Autos Sacramentales, y que aún permanecen en procesiones como la del Corpus, con la oposición Cuaresma/Tarasca (Dragón).


Podemos añadir ahora que el hecho de efectuar una ENTRADA EN LA CIUDAD, rompiendo sus barreras, es un símbolo más antiguo.

La ciudad, protegida por sus murallas, representa el mundo material, en donde Helena de Troya, trasunto del alma humana, caída del Mundo de las Ideas yace atrapada en la Materia.

En el ejemplo de Troya, no hay burro pero si hay Caballo de Madera, y un truco -ideado por Ulises, descendiente de Hermes- es necesario para penetrarlas.


El arquetipo de "dama inalcanzable a la que hay que liberar/conquistar mediante argucias" aparece también en el Mito del nacimiento de Hércules.

En esta copa, Hermes, el dios trikster, ayuda con su magia a que Zeus consiga penetrar -en más de un sentido- en la habitación de Alcmena, esposa de Anfitrión y futura madre del héroe.

Una historia universal, que vuelve en montones de obras, de El Barbero de Sevilla a Don Juan.


Ese mismo episodio, ténuemente disfrazado, se repite en el nacimiento del Rey Arturo, con Uther en lugar de Zeus, a quien Merlín (Mercurio) transforma en su aspecto, no en el de un caballo pero si en el del Duque de Cornualles para penetrar en su particular Troya/Jerusalem: el castillo de Tintagel.


Creo que será pues fácil comprender que Jesús ha sustituido a Dionisio de la misma manera que Uther a Zeus, y con similares propósitos, aunque en su historia el no deje preñada a María Madgalena, aunque su condición de prostituta si que la señala como heredera de Helena y símbolo del alma corrompida por el mundo material.


La DAMA ENCERRADA EN UNA TORRE volverá por doquier en las novelas caballerescas. ¡Pero también lo hará nuestro burro y el mismísimo Dionisio, escondido bajo la panza de Sancho Panza pero igual de borrachín!


En el episodio de las Bodas de Camacho se aprecia sin ambages la intención Hermética de Cervantes, que incluye una nueva procesión de carros alegóricos en los que desfilan, más o menos disfrazados, los mismos antiguos dioses.


El simbolismo del burro como encarnación de las pasiones humanas queda manifiesto en obras como El Asno de Oro, de Apuleyo, influenciado por los misterios de la diosa Isis, que para cuando se escribieron los Evangelios habían influenciado a todo el Imperio Romano.

El burro como símbolo de la animalización humana regresará en multitud de obras, de El Sueño de Una Noche de Verano a Pinocchio.


Y aún más, el símbolo del burro como encarnación del Mal se retrotrae a las representaciones del Dios Set: el árido desierto es su reino, y los burros salvajes viven allí.


Confío en que esto les ayude a comprender que el episodio que se celebra hoy nunca existió históricamente, sino que es en realidad una reformulación de un mito, adaptado a la audiencia de unos judíos helenizados ya en la Diáspora.

¡Brindamos con Dioniso por que tengan un excelente Domingo de Ramos!

1 comentario:

Alonso Rafael Lizaraz Sánchez dijo...

Simplemente genial Pedro

¡Saludos!