Analizando un poco o un mucho lo que nos fascino en su dia de esta franquicia, hemos concluido que, más allá del increíble aporte gráfico y argumental de John Byrne, era la silenciosa y sutil caracterización de Claremont para todos estos personajes la que los convirtió en tridimensionales.
Un X-Men no era sus poderes, sino su pasado, su cultura, sus traumas, sus sueños, sus relaciones, sus aficiones.
Lo consagró Cockrum en aquel paseo por la Masión donde cada habitación de cada miembro era singular y personalizada.
Algo trístemente ausente no ya de estas series, de los superhéroes por completo.
Lozano nos muestra aquí el lado más humano de los personajes, y con ello evoca aquella genial maniobra.
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