Los cómics EC, obviamente de género, gracias a su magnífico establo de dibujantes (Kamen, Ingels, Evans, Davis...) ofrecían al lector truculentas historias siempre originales pero a la vez formulaicas, obviamente.
De la Edad Media a los tiempos actuales, con sus señoritas de los años 50 tan recatadas que nadie diría que son unas psicópatas, no hay rincón en donde estos creadores no hayan introducido a alguien cuchillo en mano, succionada su sangre por un vampiro o peor, atrapado en algún tipo de confusión inescapable que da al traste con sus esperanzas.
Las impresionantes portadas de Ingels son históricas y el germen ni más ni menos que del estilo y ambiente de Bernie Wrightson. Ya solo eso, merece el precio de admisión.
En este volumen se incluyen además siniestras parodias de cuentos infantiles -Blancanieves, Hansel y Gretel- donde nadie acaba comiendo perdices.
El episodio del presidiario huyendo por los pantanos de Florida, con caimanes incluidos, es una obra maestra de la atmósfera.
Las historias son unas pequeñas obras de personaje donde hay que sacarle el jugo a tal o cual pareja, familia con siniestro secreto, etc...
Algo en lo que Feldstein triunfa con mucho oficio, y por eso los cómics tuvieron éxito en su día y lo siguen teniendo ahora.







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