Hay que subir una empinada cuesta, casi iniciatica, para alcanzarla.
Los naranjos en flor desprendían un aroma a azahar que se mezclaba con el incienso de la cercana iglesia, ya preparando la Semana Santa.
Acompañado de mi buen amigo y colaborador Jorge Santamaria, nos desplazamos a la localidad gaditana por tercera vez, para visitar el museo, asistir a la Pachecómic y honrar la memoria de nuestro admirado amigo, maestro de cómics, y artista excepcional.
San Roque, en una peña "gemela" de Gibraltar es una localidad de cuadro andaluz, con sus portadas blancas y ocres, silencio en las calles y preciosas viviendas tradicionales.
Las otras dos ocasiones tan absorbidos estuvimos por el artista que no supimos descubrir ese tesoro, con sus plazas ajedrezadas, muestra de antigua nobleza popular y equilibrio en el laberinto de callejas.
Nada mas llegar coincidimos con Alex Pacheco, hijo del difunto artista y organizador de las Jornadas. Carlos Pacheco vive en el, sus gestos y sus palabras, y fue tierno y a la vez amargo percibir en el la memoria gestual de su padre.
Hay que alabar su labor por conservar su legado artístico desde su asociación y ahora organizar unas jornadas que han supuesto la reunión de una docena de grandes artistas españoles trabajadores y líderes en el cómic americano. Nos hicimos con el espectacular sketchbook del artista, que esperamos sea uno de muchos.
Escucharlos reunidos evocando su figura fue un ejercicio de nostalgia, abrumados por la impecable huella que dejo en cuantos lo trataron y a la vez, indefectiblemente, sintiendo más que nunca su ausencia, mientras escuchábamos sentados con su primera esposa y madre de Alejandro, María.
Pudimos saludar a nuestro admirado y siempre locuaz Rafa Marín, felicitar a Jesús Merino por su trabajo en Los Monstruos -ahora realiza Conan-, rendirnos ante el talento y la pasión compartida por el detalle de Alvaro Martínez, la solida trayectoria de Sandoval, los viejos chascarrillos de Kenny Ruiz...
Tuvimos la suerte de compartir un rato de cháchara comiquera con Jaume Vaquer -que prepara su imponente museo del cómic- y Vicente Garcia.
El tiempo no acompaño, pero en los ratos de paseos quisimos embebernos del ambiente en que Carlos creció y trabajo, tradición y reverencia que se transmitía en cada esquina, como la preocupación del ayuntamiento por el arte y los museos, hallándose hasta tres en poco espacio.
Para concluir pudimos visitar la moderna avenida que le dedico al artista el municipio, sita junto al cementerio en el que, en el panteón familiar de los Perujo una plaquita recuerda su memoria.
El museo, compuesto principalmente por dos salas de originales, ofrecía algunos trabajos adolescentes en los que Pacheco ya demostraba erudición mencionando en homenaje cuatro docenas de autores americanos. Ahi está la mitad de su talento y sabiduría. Carlos fue sobre todo un inmenso lector y estudioso del cómic.
Obras de su colaboración con Jesus Merino como Superman o Green Lantern son impresionantes de contemplar de cerca, y la segunda planta estaba reservada a Arrowsmith.
Un espacio para contener su estudio personal y una lluvia de paginas que todos llevamos en el corazón y la cabeza complementan el recorrido. Agradecemos y felicitamos al ayuntamiento por este homenaje y confiamos que su obra sea expuesta sucesivamente en toda su amplitud.
No nos hace falta que sus colegas lo alaguen para tenerlo, irónicamente, cada día más presente y añorado.
Pero intentamos -sin mucho éxito- clausurar el duelo y celebrar su impresionante y siempre sorprendente legado.
Esperamos que el festival continúe en nuevas ediciones y recomendamos sin duda a cualquier aficionado al arte o el cómic la visita al Museo y las Jornadas.
"¡Tócala otra vez, SAM WILSON!"








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