Con el comienzo de la etapa Heroes Return, Marvel había recuperado a los personajes exiliados, y teniendo de nuevo a mano a los Vengadores, retornados a su gloria por Brevoort, Busiek y Pérez, no cabe duda de que Carlos quería finalmente trabajar en la serie que el concebía como el corazón del Universo Marvel.
En el culmen de su fama como "Hot Artist", se despide de aquellos dificilmente reconocibles X-Men para producir lo que sin duda son ya aventuras canónicas del Universo Marvel.
La aparición en este anual del Escuadrón Supremo no solo evoca la por el idolatrada etapa de Englehart y Pérez -la Saga de la Corona Serpiente, que el ya homenajeo magistralmente con sus portadas de Clásicos Marvel en Forum-, sino que le daba oportunidad de trabajar a la vez con los personajes icónicos de Marvel finalmente, y a la vez, con sus pastiches de DC, revelandose como heredero de Pérez y Byrne en su capacidad de manerjar docenas de personajes y, más allá, fijar su imagen oficial en el Universo Marvel.
Pacheco derrocha ilusión desde la primera página, donde la estatua de Ant-Man montado en la hormiga evoca el trabajo de Neal Adams durante la Guerra Kree-Skrull. La sala de trofeos está llena de pequeños guiños al lector, como las marionetas de Pietro y Wanda de la aventura Noches de Wundagore.
Dejando atrás las veleidades "amerimanga" de X-Men, su estilo evoluciona rapidamente a uno más clásico pero ni un punto menos espectacular, con diferentes homenajes (Maguire, las portadas de Vértice Cómics, Alex Ross) en su tratamiento del Escuadrón Supremo, que por supuesto luce mejor que la JLA que lo modela en toda su historia.
Una aventura que redefine y rediseña a un olvidado villano, Imus Champion, y que da lugar a muchas escenas de acción y clásicos team-ups al modo de los de la JLA/JSA.
En el culmen de su fama como "Hot Artist", se despide de aquellos dificilmente reconocibles X-Men para producir lo que sin duda son ya aventuras canónicas del Universo Marvel.
La aparición en este anual del Escuadrón Supremo no solo evoca la por el idolatrada etapa de Englehart y Pérez -la Saga de la Corona Serpiente, que el ya homenajeo magistralmente con sus portadas de Clásicos Marvel en Forum-, sino que le daba oportunidad de trabajar a la vez con los personajes icónicos de Marvel finalmente, y a la vez, con sus pastiches de DC, revelandose como heredero de Pérez y Byrne en su capacidad de manerjar docenas de personajes y, más allá, fijar su imagen oficial en el Universo Marvel.
Pacheco derrocha ilusión desde la primera página, donde la estatua de Ant-Man montado en la hormiga evoca el trabajo de Neal Adams durante la Guerra Kree-Skrull. La sala de trofeos está llena de pequeños guiños al lector, como las marionetas de Pietro y Wanda de la aventura Noches de Wundagore.
Dejando atrás las veleidades "amerimanga" de X-Men, su estilo evoluciona rapidamente a uno más clásico pero ni un punto menos espectacular, con diferentes homenajes (Maguire, las portadas de Vértice Cómics, Alex Ross) en su tratamiento del Escuadrón Supremo, que por supuesto luce mejor que la JLA que lo modela en toda su historia.
Una aventura que redefine y rediseña a un olvidado villano, Imus Champion, y que da lugar a muchas escenas de acción y clásicos team-ups al modo de los de la JLA/JSA.
Aunque no acreditado, el anual supondrá la ocasión de su primera colaboración con Jesús Merino, que le ayuda a concluir las páginas por problemas de fechas, iniciándose uno de los mejores equipos artista/entintador de la historia del cómic americano.
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