martes, 12 de abril de 2016

VICTOR FRANKENSTEIN

Venimos comentando como se viene imponiendo de manera imparable la AVENTURA VICTORIANA como género.

Es en esta fantástica nueva moda donde hay que encuadrar esta película, que tiene mucho más que ver con las modernas series en torno a Jack El Destripador o Penny Dreadful que con "El Moderno Prometeo" de la novela original de Mary Shelley.


Si se recalca aquí que Victor Frankenstein es el nombre del creador, no de la criatura, y en una particular versión de este se centra la película.

En la novela es un solitario amargado y siempre perseguido por la sombra de su Criatura. Aquí, como el Monstruo está la mayor parte del metraje ausente, es presentado como un obsesionado pero jovial y "speedico" científico que gana una relación de amistad y colaboración con un superdotado -para la medicina- jorobado circense.


La mejor manera de acerse cargo de cuan diferente es el protagonista de su original es saber que a Igor, su deforme ayudante, interpretado por Daniel Radcliffe, la joroba le dura unos cinco minutos...

Así que no esperen la interpretación de Marty Feldman en El Jovencito Frankenstein ni nada por el estilo.


Igor se convierte en el primer gran logro científico de Frankenstein, y es por lo tanto la relación con este la que lo va a "perseguir" durante una película con unos notables agujeros en el argumento.


Y es que, recogiendo tópicos y arquetipos, Andrew Scott, el Moriarty de la serie Sherlock, interpreta aquí al típico detective de Scotland Yard con unas habilidades deductivas que para si quisiera el de Baker Street...

Y es que si, la película transcurre no en la Ginebra original sino en el Londres victoriano.


Dijérase pues que se trata de una producción cuyo objetivo es más bien promocionar a una nueva generación de actores británicos que, como Radcliff, buscan qué hacer con su carrera una vez acabado el papel que les dio la fama inicial.

Si lo logra o no, lo dejamos al juicio de los espectadores.

1 comentario:

Ulex Ryu dijo...

Tiene unos momentos cómicos muy conseguidos
¡Pongámosle cuatro pulmones para que oxigene mejor! ¡Y dos corazones para que bombeé más sangre! ¡Y la cabeza plana! ¿Para qué quieres que tenga la cabeza plana? ¡Y yo que sé, me gusta así!
Justo en esa parte pensaba que iba a hacer el chiste de cambiarle las orejas por asas y plantarle encima una lata de cerveza.

Está claro que no sale nada bueno de diseñar un monstruo estando borrachos como cubas...