miércoles, 24 de agosto de 2016

LA BÚSQUEDA ONÍRICA DE LA IGNOTA KADATH, POR H. P. LOVECRAFT

De cabezazos me doy por haber sabido de la existencia de estos relatos durante décadas y no haberme puesto a leerlos antes. Aunque, quizás como sospecho que les ha ocurrido a muchos de sus lectores no los hubiera valorado y comprendido como lo hago ahora.


De lo que no me queda duda es que los aficionados a Lovecraft tienen, como yo hasta ahora, esta gran laguna del Ciclo Onírico por cubrir.

Y lo que descubres cuando al final lo lees es que es este, y no los Mitos De Cthulhu la verdadera espina dorsal del Universo Lovecraftiano.

De hecho el primer gran error es considerar que se trata de dos ciclos de historias independientes, cuando esta novela establece todo lo contrario: Solo hay un mundo Lovecraftiano, y todas sus criaturas viven e interactúan en el.


Hemos visto como La Llamada de Cthulhu suponía la culminación del mundo Lovecraftiano, en tanto contiene ya todos los elementos que le son propios a su literatura.

Sin embargo, será esta Búsqueda la que Lovecraft no solo protagonice -esta vez recuperando a Randolph Carter, según los expertos, en su primera aventura cronológica- sino que use el relato para CONFORMAR UN UNIVERSO COMÚN CON TODOS SUS RELATOS, anteriormente independientes o sólamente unidos por veladas menciones de pasada.


Aquí sabremos más del sacerdote que desapareció buscando a los Dioses en sus montañas, de los temibles gatos de Ulthar, hasta del mismísimo pintor Pickman y los Ghouls que retrataba, que son reinterpretados aquí de una manera absolutamente distinta a la que ofreció el siniestro relato original.

No se puede por lo tanto, comprender verdaderamente la visión de Lovecraft sobre sus personajes y su obra sin tener muy presente las aventuras oníricas de Randolph Carter y el funcionamiento del mundo de las Tierras del Sueño.


Estilísticamente estamos ante otro relato Dunsaniano, donde los viajes marítimos por esas ciudades de ensueño de corte oriental llegan a hacerse quizás algo monótonos, pero nos impulsa no solo el viento en las velas sino conocer el desenlace final de la búsqueda de Carter, que quiere encontrar a la Ciudad que antes soñó y en la que habitan los Dioses de este mundo y del Nuestro.


Se trata de dos realidades paralelas que se remontan por supuesto al Mito platónico de la Caverna, y aún más allá, a las ensoñaciones chamánicas del mundo de los sueños de los aborígenes australianos.

Igual que Lovecraft se manifiesta como Carter, otros personajes que viven en el mundo tienen identidades alternativas dentro de las Dreamlands, resaltando que se trata del verdadero ser de cada uno, o al menos de un nombre ceremonial, como los que usaban los miembros de Sociedades Secretas Herméticas a finales del siglo XIX.


No está de más recordar en este punto que, como revela el monumental EL CAMINANTE DE PROVIDENCE, el abuelo de Lovecraft, ese que tanto influyó en el y que le legó una tremenda biblioteca, era el Maestre de la Logia Masónica local de Providence.

No hace falta suponer que fue en esa Biblioteca donde "Randoplh" encontró esa Llave Plateada que le abrió las puertas de este mundo.


Diferentes pueblos, razas, seres, lugares, montañas... Las Dreamlands no tienen nada que envidiar a la Tierra Media, y carter las recorre en una evidente secuencia iniciática que culmina enfrentándose a su particular "Sauron": Nyarlathotep.

Para que veáis lo cerquita que están Lovecraft y Tolkien, recordemos que los "egipcios" de Tierra Media, los Numeroneanos Negros, también habían sido corrompidos por Sauron, y también era "Faraón" (Ar-Pharazon) el Rey que los llevó a su caída.


Y es que si Call of Cthulhu es una reelaboración de Dagon, Dream Quest lo es de La Búsqueda de Iranon, solo que ahora el autor ha cambiado su parecer y esa pulsión de regreso al hogar tiene un final mucho más feliz, aunque acabe de manera terrenal -por el momento, resta un relato más.


Nyarlathotep, encarnación del Caos, se manifiesta aquí no como un incomprensible Arconte cósmico, sino como una figura luciferesca, humanizada, iniciadora, una especie de reflejo oscuro de Carter, el Gollum de su Frodo.

Quedan por tanto unidos estos mundos con los de los Dioses Primigenios y con los del Panteón de Dioses que preside Nodens y cuya oposición a los otros me temo que no es en ningún caso invento de Derleth, sino que Lovecraft la deja ya perfectamente establecida.

Otro mito más esparcido me temo que por aficionados con tantas lagunas en sus lecturas lovecraftianas como yo...hasta ahora, claro.