viernes, 19 de agosto de 2016

EL VALLE DE LAS MUJERES PERDIDAS, POR R. E. HOWARD

Decíamos de las aventuras con Belit, que su unión con Conan era una suerte de Matrimonio Alquímico en donde ambos se fusionaban en uno.

Así, en la siguiente aventura es Conan quien lidera la tribu de guerreros africanos, habiendo asumido en si el rol de líder, o de Dios Blanco, que antes ostentaba su amada.


Se nota una cierta influencia de Ridder Haggar y las aventuras de su Quatermain en estos andares del Cimmerio por las tierras del Sur.

De argumento sencillo y poco original, la aventura sirve para definir el caracter Conan, que teniendo oportunidad de tomar sexualmente a una muchacha blanca esclava de la tribu enemiga decide no hacerlo, aceptando no obstante liberarla de su cautiverio.

Elige hacer lo correcto sin necesidad de tener un premio inmediato (no es que tenga mucho mérito, pues le sobran las mujeres...).


Especialmente definitorio es el inicio del ataque para liberar a la muchacha: Conan finge una alianza con la otra tribu para traicionarlos y pasar de las risas (fingidas) al mortal ataque en un segundo.

Un momento casi humorístico que uno puede imaginar a Schwarzenegger interpretando.


A falta de otro climax mejor, la chica acaba seducida por una amazónica tribu de mujeres que busca, como siempre, sacrificarla a un dios.

Un ser adorado por estas enfebrecidas mujeres, trasunto de las bacantes clásicas, que Howard quiere hacer venir del espacio, y que tiene dos alas de murciélago a la espalda.

¿Estamos ante un primer homenaje del de Texas a su admirado colega de Providence y sus Horrores Cósmicos...?

¿Conan contra Cthulhu...?