jueves, 19 de mayo de 2016

CONAN: VILLANOS EN LA CASA, POR R.E. HOWARD

Aunque en esta ocasión la misión es asesinar a un siniestro sacerdote, esta aventura combina la estructura de trampas, sorpresas, aliados improbables y bestias escondidas que ya estableciese La Torre del Elefante y El Dios Del Cuenco.


Si en algo se distingue el relato es por ahondar en la personalidad de Conan, guiada por un sentido del honor que le fuerza a cumplir la palabra dada a su libertador a la vez que retrasa ese cumplimiento a vengarse primero de quienes le traicionaron.


Howard vuelve a oponer la naturaleza norteña pero honrada de este "buen salvaje" a las continuas tramas políticas de la gran ciudad.

Aún entre los ladrones, Conan es un ladrón honrado.


El mundo de la Era Hyboria se colorea con tintes darwinistas introduciendo una raza de antropoides que quizás en miles de años evolucionarán en humanos, y que, como suele ocurrir, comienzan aprendiendo los más bajos comportamientos de sus amos sapiens.

Todo lo malo se pega.


Persisten los motivos míticos, pues Conan habrá de atravesar un LABERINTO, aunque este sea de casas y probredumbre.

A través de las alcantarillas, cual Val Jean, encontrará su particular Minotauro en Thak.


El que la púrpura sacerdotal haya sido usurpada por seres inhumanos es otro sutil mensaje cuyo significado último dejamos al lector...