lunes, 18 de abril de 2016

LA BÚSQUEDA DE IRANON, POR H. P. LOVECRAFT

No podía imaginar cuando inicié esta lectura de las obras completas de Lovecraft que los paralelismos entre esta y la de Tolkien iban a ser tan continuos y patentes.

Este relato casi lo hubiese podido firmar el Bardo de Oxford. Me explico:


Trata de un errante viajero que recorre las Dreamlands en continua busca de una ciudad, Iranon, de la que recuerda ser príncipe y haber sido exiliado en su juventud, y que ha buscado "por siete tierras", en una clara referencia hermética a una peregrinación espiritual.

A pesar de que es cantor y poeta, y su misión es cantar las bondades de su ciudad y sus templos, en uno de los lugares que visita intenta que realice trabajos físicos y vulgares, traicionando así su naturaleza y misión.


La historia concluye de una manera desconazonadora, pues se dice que esa ciudad no ha existido nunca, y es una mera ilusión del peregrino, que nunca fue príncipe.

Estos dos fundamentales elementos: el poeta condenado a trabajos "mundanales" y la sospecha del mismo de que su llamada no es más que un autoengaño son los que lo aproximan enormemente a Tolkien y al más personal de sus relatos, "Leaf", by Niggle.


Allí Tolkien traza un obvio paralelismo entre si mismo y su obra y un pintor que pinta un paisaje pero pone tanto detalle en una hoja de árbol que nunca termina (en vida) de completar la obra que había imaginado.

La "hoja" sería El Señor de los Anillos, mientras que, proféticamente, el resto de la obra, las leyendas de EL Silmarillion y más, nunca fueron en efecto concluidas por completo por el autor.


Será solo tras la muerte cuando el pintor podrá no solo completar su paisaje, en el que ahora reside y que ha cobrado realidad, sino explorar lo que yace más allá de las alturas espirituales que simbolizan las Montañas al fondo del paisaje.

También Niggle se muestra molesto por las continuas interrupciones que tareas menores causan a su labor artística, y aunque en Tolkien si se alcanza y se promete un final feliz, no es nada extraño que Lovecraft, con su historia y carácter, manifieste en el relato sus propias dudas sobre si esos "recuerdos" platónicos de una ciudad ideal a la que se está destinado a volver como Rey no son más que alucinaciones y autoengaños.

Quienes compartimos esa llamada no podemos más que comprender su desaliento.